A veces, amar también es elegir no insistir.
Es entender que no todo lo que se va tiene que volver y que respetar la decisión del otro también es una forma de cuidar tu paz.
Estoy aprendiendo a dar la misma energía que recibo, a dejar de perseguir lo que ya eligió otro camino y a valorar los vínculos donde el cariño es mutuo.
Porque hay despedidas que no se viven con rencor, sino con dignidad.
Y cuando seguís creciendo, hay lugares a los que ya
no pertenecés, aunque alguna vez hayas sentido que eran tu hogar.



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